En momentos en que el Gobierno Nacional y la Asamblea invitan a mirar el futuro y (re)construir la Patria para todos con esa Constitución que promete traer poco menos que la parusía al Ecuador, quiero pecar de retrógrado y pedirle que por unos minutos observemos el pasado, concretamente un cuarto de siglo hacia atrás. En este contexto pensemos en dos países muy distintos, no solo en extensión física y población sino en su riqueza: uno contaba entonces con abundantes recursos naturales y gozaba de una nueva y prometedora riqueza, el petróleo; el otro con una pobreza extrema que afectaba una gran parte de su población nacional y con un 60% de su superficie con zonas que hasta la fecha son incultivables. Muchas cosas los diferenciaban pero se parecían en que ambos terminaban de salir de un régimen autoritario, la del último mucho más doloroso y costoso para su economía nacional. El primer país es Ecuador y el otro, China.
¿Cómo es que hoy China puede jactarse de que su PIB ha crecido más de 12 veces, mientras que Ecuador ha logrado pasar de 10 billones de dólares a un poco más que el doble en el mismo periodo? Muchos especulan conque el “milagro chino” es fruto de una mano de obra barata; si las cosas fueran tan simples, los países sudamericanos podrían presumir de un crecimiento similar. Hace algo más de 25 años China era un país con demasiada gente y muy pocos recursos explotados. Hoy, China adicionalmente se enorgullece de ser el país que más ha reducido la pobreza de su población.
Mencionaba que ambos países salían de un proceso político complejo y en China se vivió un profundo análisis de lo que se necesitaba para salir adelante. Para elevar el exiguo comercio exterior (situado en unos 20 billones de dólares en 1980) se decidió dar paso a la inversión extranjera. Mucha de la transformación de la economía china se debe a la participación de empresas extranjeras como inversionistas, socios comerciales o consejeros y principalmente a la ley de joint venture (empresa común) creada para establecer una cooperación entre las empresas nacionales y la inversión extranjera. China cuenta actualmente con más de 220 billones de dólares en inversiones externas directas y tiene firmados más de 45.000 contratos de inversión.
Y el ciudadano ecuatoriano tiene todo el derecho de aspirar a que su gobierno esté en un rumbo similar, tomando en cuenta que también se denomina socialista y que ha dado mediante Consulta Popular la oportunidad dorada de “refundar” la patria con una Constitución que da carta blanca a empezar desde cero y que cuenta con la participación de jóvenes que también decían estar cansados de 25 años de lo mismo y pedían un espacio para demostrar su poder de cambio. Ahora, si juzgamos por la obsesión de la Asamblea en evacuar “mandatos constitucionales” que solo espantan a la poca inversión nacional y extranjera, así como por la obsesión del grupo “de los 25” en ignorar la tradición cristiana del Ecuador, legalizar los matrimonios homosexuales o la matanza de criaturas en el vientre materno, comprendemos que no todos tienen las mismas prioridades. La gran oportunidad de cambio fue dada por el pueblo ecuatoriano pero este podrá quitarle su respaldo si el producto final de la Asamblea no responde a las necesidades que sigue teniendo. Después de todo, como lo demostraron los chinos, la situación de Ecuador no tiene por qué seguir siendo, como hace 25 años.
Monday, April 7, 2008
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