Ecuador acaba de probar una nueva dosis de autoritarismo, que ni de lejos será la última. A escasos días de que la nueva constitución sea proclamada y comience la campaña para lograr su aprobación, se ha asestado un golpe casi mortal a varios medios de comunicación mediante una acción absolutamente ilegal, logrando claramente que la campaña por el “no” pierda voces. Si a esto se suma que el gobierno ya cuenta con un periódico, emisoras de radio y un canal de televisión, el clima es por lo menos espeluznante.
Tales acciones nos hacen concluir precipitadamente que es lo propio de un gobierno de izquierdas, sobre todo si se tiene en cuenta que estas son conductas copiadas y mejoradas a las de Chávez en Venezuela. Puede ser, pero en un ejercicio exagerado comparémoslo con el régimen de China, país al que el presidente Correa aseguró en campaña que seguiría como ejemplo de superación.
A menos de un mes del comienzo de las olimpiadas, China vive una verdadera fiesta donde la mayor parte de los ciudadanos se siente orgullosos de mostrar su país al mundo. No han sido pocas las críticas y voces llamando al boicot de este esfuerzo, pero el espíritu general es el mismo: lograr que a través del mayor evento deportivo se muestre al mundo de lo que China es capaz. Las muestras no son pocas: estadios que desafían la gravedad, modernos complejos deportivos y otros tantos desarrollos arquitectónicos, entre los que destacan el edificio CCTV, una verdadera joya de la arquitectura y ejemplo de cuanto le importa a China tener una prensa profesional.
Ciertamente, CCTV es la única cadena de televisión pública de China, pero ni por asomo es la única fuente de información para los ciudadanos. Las compañías que ofrecen televisión satelital (con precios totalmente asequibles al ciudadano promedio) no sólo ofrecen la mayoría de las cadenas noticiosas de occidente sino inclusive de Taiwán.
¿Puede ser entonces que el gobierno comunista chino tenga más apertura a los medios de información que el socialista de Correa? Mucho me temo que la respuesta, más allá de ser positiva, se queda corta en la comparación. Téngase en cuenta además que tras las recientes elecciones en Taiwán se han inaugurado ya vuelos directos entre Taiwán y China, lo que era impensable tan solo hace un año y las mejoras diplomáticas y comerciales no han hecho más que comenzar. Compárese este acercamiento entre viejos enemigos al empecinamiento de Correa en romper relaciones con el gobierno de Uribe, quien en los últimos días no cesa en subir su popularidad mundial al ser el único responsable de la liberación de Ingrid Betancourt de manos de la guerrilla de las FARC.
Entonces que el gobierno ecuatoriano no haga responsable de sus autoritarismos a sus ideologías, ni a la mal denominada “lucha” contra el neo-liberalismo en pos del socialismo del siglo 21. El problema de su atropello a la libertad de expresión y la propiedad privada sólo radica en el ánimo dictatorial y de convertir al Ecuador en su cortijo. En la próxima consulta popular estará la posibilidad de que los ecuatorianos se lo permitan... o no.